Elegidas de a una. Impresas de a una.

Cada lámina sale de un archivo que conserva el original, se verifica contra su registro y se imprime en nuestro taller de Mar del Plata cuando alguien la compra.

La buscamos en bibliotecas, museos y archivos, con su número de catálogo. Autor, título, fecha e institución se verifican contra la fuente, y van al pie de la lámina, en la cartela.

En una Canon PRO-1100 de doce tintas pigmentadas. Cuatro son negros y grises, y por eso un grabado viejo conserva sus grises sin virar a verde ni a rosa. Una por vez, revisada antes de enrollarla.

Schoeller coated mate de 200 g para mapas y arte, satinado para fotografía, Opalina para los diseños de la casa. El blanco de la lámina es el papel.
A escala real. El aparador mide 120 cm de ancho: la misma referencia de todas nuestras fotos.
A3 para casi todo el catálogo; A2 donde el detalle del documento lo pide.
Las láminas y el rótulo son los reales; la mesa y el tubo, una escena.
Enrollada en un tubo rígido, nunca doblada y sin marco. Algunas, con su rótulo. Al llegar, unas horas con peso en los bordes y se acuesta sola.
Reproducimos obras de dominio público o con licencias que permiten el uso comercial, y cumplimos su condición: si piden atribución, va en la ficha. Nada con cláusula no comercial ni «sin obras derivadas», porque toda lámina es una adaptación: se recorta, lleva cartela y se prepara para imprenta.
Los diseños de la casa, como la Serie Discos, son nuestros.