Arte · Nota 01Sumario

Japón cambió la mirada

El Fuji termina siendo la Torre Eiffel: siete estampas, de Edo a París.

7 láminas · 1767–1902 · A3 y A2 · desde $22.000
Arrozales de Asakusa (1857)
Arrozales de Asakusa (1857) · Utagawa Hiroshige

En 1765 salieron en Edo las primeras estampas a todo color. Un siglo después circulaban en París: Degas las coleccionaba, Mary Cassatt fue en 1890 a ver 725 en la École des Beaux-Arts, y Henri Rivière, que tenía las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Hokusai, publicó en 1902 sus Treinta y seis vistas de la Torre Eiffel.

Fig. 01 · El color

Rectitud (1767)

Suzuki Harunobu

Leen a la luz de las velas. La firma está pintada adentro, en la puerta con nieve.

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Dos muchachos en su cuarto, de noche, junto a dos candeleros: uno lee sentado en el piso, el otro descansa sobre el marco de la ventana. El registro del museo dice quiénes son: dos jóvenes cortesanos varones del mundo flotante, dibujados con el mismo cuerpo leve que las mujeres de Harunobu. El libro abierto se reconoce: es un manual de dibujo de Tachibana Morikuni, publicado en 1720. Arriba, el poema de la virtud. Y la firma no va al margen: está pintada en la puerta, junto a un pato mandarín en la nieve. Es de 1767, dos años después de que el color entrara entero en la estampa.

Quién la hizo

Suzuki Harunobu (ca. 1725–1770) trabajó en Edo, la actual Tokio, y murió en 1770. En 1765 un grupo de aficionados ricos de la ciudad encargó calendarios ilustrados para intercambiar en Año Nuevo, como era costumbre, y en esas hojas la estampa suelta pasó a imprimirse a todo color, con un taco de madera distinto para cada tinta: de cinco a ocho, a veces diez. Se las llamó nishiki-e, «estampas de brocado». Su nombre quedó unido a ese salto. Dibujó sobre todo mujeres y muchachos del mundo flotante —los barrios de placer, el teatro, la calle—, figuras livianas, casi sin peso, y muchas veces una leyenda clásica vestida con la ropa del día: el mitate.

Original
Xilografía en color sobre papel, 1767
Fuente
The Cleveland Museum of Art · 1985.307 · Open Access (CC0)
Fig. 02 · El recorte

Plegarias por la lluvia (década de 1790)

Kitagawa Utamaro

El paraguas no entra en la hoja: el borde se lo come por arriba y por la izquierda.

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Una madre de peinado alto lleva a su hijo en brazos, la boca apoyada en la cabeza casi rapada del chico, bajo un paraguas que el borde corta por arriba y por la izquierda: el objeto ordena la hoja y las figuras quedan debajo. El título viene de siete obras de teatro sobre la poeta Ono no Komachi, del siglo IX. En la de la lluvia, un poema suyo hace llover y ella se refugia bajo el paraguas que le sostiene su sirvienta. Utamaro cambió a la poeta y a la sirvienta por una madre y un hijo de Edo; de la leyenda quedó el paraguas. Es la mitad de un espejo: en el capítulo 5, un marco de mármol le corta la escena a Mary Cassatt.

Quién la hizo

De Kitagawa Utamaro (ca. 1754–1806) ni siquiera se sabe dónde nació. Empezó con estampas de mujeres y libros de historia natural, como uno de insectos de 1788. Hacia 1791 dejó los libros y se concentró en retratos de mujeres de medio cuerpo, una sola por hoja, cuando lo habitual eran los grupos: es el encuadre cerrado de esta lámina. En 1804 publicó estampas de la esposa y las concubinas del caudillo Toyotomi Hideyoshi; lo acusaron de ofender su dignidad y lo condenaron a cincuenta días esposado. Murió dos años después. Mary Cassatt encontró en sus hojas otra forma de mostrar la vida diaria de las mujeres.

Original
Xilografía en color sobre papel, década de 1790
Fuente
The Cleveland Museum of Art · Open Access (CC0) · 1940.1030

«Ser humilde en todo, / discernir el camino de la razón / y no mentir: / a eso se le llama rectitud.»

El poema de la hoja · versión castellana de la traducción del Cleveland Museum of Art
Fig. 03 · Treinta y seis vistas

Ejiri, provincia de Suruga (ca. 1830–32)

Katsushika Hokusai

El Fuji es una sola línea. Lo que se mueve es todo lo demás.

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Una ráfaga cruza un camino entre arrozales en Ejiri, una posta del Tōkaidō junto al puerto de Shimizu: los viajeros se doblan, un sombrero sale volando y una hilera de papeles atraviesa el cielo. Al fondo, el Fuji es apenas un contorno, lo único quieto de la hoja. Hokusai no dibuja el viento: dibuja lo que el viento les hace a las cosas. Es una de las Treinta y seis vistas del monte Fuji, que en realidad fueron cuarenta y seis porque el editor agregó diez por el éxito. Setenta años después, en París, Henri Rivière tenía esa serie y le contestó con treinta y seis vistas de la Torre Eiffel: la última lámina de esta colección.

Quién la hizo

Katsushika Hokusai (1760–1849) nació en Edo y nunca salió de esa región, aunque se mudó por lo menos noventa veces y cambió de nombre artístico más de veinte. De adolescente fue aprendiz de un tallador de tacos de madera; a los dieciocho entró al taller de Katsukawa Shunshō. Hacia 1804 estudió los grabados en cobre holandeses y probó la sombra y la profundidad a la europea: las imágenes también viajaban hacia Japón. Empezó las vistas del Fuji pasados los setenta. Pese a la fama, peleó toda la vida contra la pobreza, y cuando murió, en su casa de Asakusa, el entierro lo pagaron sus alumnos y amigos.

Original
Xilografía en color sobre papel, ca. 1830–32
Fuente
The Metropolitan Museum of Art · Dominio público · 36493
Fig. 04 · El centro

Arrozales de Asakusa (1857)

Utagawa Hiroshige

Un gato de espaldas mira el festival desde la ventana. Nosotros miramos con él.

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Un gato blanco, sentado en el alféizar de un segundo piso, mira a través de la reja de madera: por los arrozales de Asakusa, la gente va en fila al santuario Ōtori para el festival de Torinomachi; al fondo, el Fuji al atardecer y una bandada de gansos. El cuarto es de un burdel del Yoshiwara. En el piso quedaron unas horquillas con forma de rastrillo —el rastrillo de bambú era el amuleto que se compraba en la feria—, que según el Met un cliente le habrá traído a una cortesana. La fiesta pública llega filtrada por una habitación privada, y ni siquiera la mira una persona. Es el centro de la colección. La estampa salió en el undécimo mes de 1857: el mes del festival.

Quién la hizo

Utagawa Hiroshige (1797–1858) nació en Edo, en una familia de samuráis de bajo rango que servía en la brigada de incendios del shogunato. Quedó huérfano en 1809 y heredó el puesto de su padre. Aprendió con Utagawa Toyohiro, que cultivaba el paisaje cuando era un género menor, y en 1822 dejó el cargo para dibujar a tiempo completo. Se cuenta que en 1832 recorrió el Tōkaidō con una comitiva oficial; de ahí salieron Las cincuenta y tres estaciones. En 1856 empezó su serie más grande, las Cien vistas de Edo, en formato vertical. Murió en 1858, en la epidemia de cólera que mató a 28.000 personas.

Original
Xilografía en color (nishiki-e) sobre papel, 1857
Fuente
The Metropolitan Museum of Art · Dominio público · 36539
Fig. 05 · El corte viaja

Mary Cassatt en el Louvre (1879–80)

Edgar Degas

Mary Cassatt, de espaldas, apoyada en el paraguas. Un marco de mármol le corta la escena.

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Mary Cassatt recorre la galería de pinturas del Louvre, de espaldas, apoyada en el paraguas. A su hermana Lydia, sentada con una guía, la tapa el marco de mármol de la puerta: de ella quedan las manos y el libro. La plancha mide 30,6 por 12,6 centímetros, cerca del chū-tanzaku, un formato japonés vertical y angosto, y es el único aguafuerte que Degas hizo en ese formato. El Museo de Saint Louis vincula ese marco que corta la escena con una vista del templo de Asakusa de las Cien vistas de Edo, la misma serie de Hiroshige de esta colección. Degas llevó la plancha a más de veinte estados, y el mármol es lo que retocó en casi todos.

Quién la hizo

Edgar Degas (1834–1917) venía de una familia de banqueros y aprendió copiando pinturas italianas en el Louvre, el museo de esta lámina. Parece no haber aceptado nunca que lo llamaran impresionista, pero fue de los fundadores del grupo, y en 1877 invitó a Mary Cassatt a exponer con ellos. Fue de los primeros coleccionistas de arte japonés en Francia: en vez de vestir modelos con quimonos, tomó de las estampas los formatos alargados, la asimetría y la vista desde arriba. En 1879–80 preparaba con Cassatt, Pissarro y Bracquemond Le Jour et la Nuit, una revista de grabados que nunca salió, compartiendo su taller y su prensa chica.

Original
Aguafuerte, barniz blando, aguatinta y punta seca sobre papel, 1879–80
Fuente
National Gallery of Art, Washington · Dominio público

«Hasta los setenta años, nada de lo que dibujé merecía atención.»

Hokusai, epílogo de Cien vistas del monte Fuji, 1834 · de la traducción inglesa de Henry D. Smith II
Fig. 06 · El color viaja

The Letter (1890–91)

Mary Cassatt

Cierra el sobre con la boca. El gesto dura un segundo.

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Sentada a un escritorio chico, de vestido azul estampado, se lleva el sobre a los labios para cerrarlo. La pared de atrás es un papel verde con ramitos que corre de borde a borde, y el estampado del vestido y el del empapelado pesan lo mismo: la figura queda dentro de la decoración en vez de estar delante. El gesto se acaba en un segundo y ella está entera adentro. En el ejemplar del Art Institute la inscripción a lápiz dice «Imprim[ée] par l’artiste et Mr. Leroy». Al pie, a lápiz y de su puño: «Imprimée par l’artiste et M. Leroy — Mary Cassatt — (25 épreuves)». Impresa por la artista y el señor Leroy, veinticinco pruebas. Las hojas japonesas que venía estudiando llevaban el nombre del impresor al lado del de la artista, y ella hizo lo mismo. Se reproduce porque es parte del objeto.

Quién la hizo

Mary Cassatt (1844–1926) nació en Allegheny City, Pensilvania, y trabajó toda su vida en Francia. Fue la única norteamericana invitada a exponer con los impresionistas. En abril de 1890 vio en la École des Beaux-Arts de París una exposición de 725 estampas japonesas —organizada por Siegfried Bing, con Clemenceau y Goncourt en el comité— y le escribió a Berthe Morisot que no se la perdiera. El año siguiente lo pasó enseñándose a hacer en cobre lo que había visto hecho en madera. Imprimió las diez pruebas ella misma, en la prensa, junto a un impresor de oficio, y firmó cada hoja a lápiz.

Fig. 07 · La montaña se vuelve torre

Desde detrás del alce de Frémiet (1902)

Henri Rivière

La Torre Eiffel asoma entre los cuernos de un alce de yeso, visto de espaldas.

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Desde atrás de una escultura del parque del Trocadéro —un alce que forcejea con una boa, de Emmanuel Frémiet— la Torre Eiffel asoma entre los cuernos del animal. El cielo está rayado de arriba abajo, como de lluvia, y adelante hay lirios. Según el Museo de Cleveland, la escultura era de yeso y hacia 1910 estaba casi destruida: la lámina guarda un monumento que ya no existe. Es la número 27 —está en el sello rojo del pie— de las Treinta y seis vistas de la Torre Eiffel, litografías en cinco tonos tiradas en 1902 en quinientos ejemplares. Como Hokusai con el Fuji, Rivière a veces esconde la torre detrás de una escena cualquiera: acá la tapa un alce.

Quién la hizo

Henri Rivière (1864–1951), parisino, repartió su vida entre la ciudad y la costa de Bretaña. Desde 1886 hizo las escenografías del teatro de sombras de Le Chat Noir, que dirigió artísticamente hasta el cierre, en 1897; en La tentación de san Antonio (1887) un episodio se titulaba «Los dioses japoneses (según Hokusai y Korin)». Tenía las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Hokusai. Fue el primero entre sus pares en intentar copiar no sólo el lenguaje de las estampas japonesas sino su técnica: sin manuales, probó pigmentos al agua y un disco para estampar a mano. Firmaba con un monograma rojo que imita los sellos japoneses.

Original
Litografía en color sobre papel, 1902
Fuente
The Cleveland Museum of Art · Open Access (CC0) · 2003.392
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Japón cambió la mirada

7 láminas A3 · $123.000 — contra $154.000 por separado.

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