La Buenos Aires de 1900, en la técnica que le puso color al mundo antes del color.
Hacia 1900, Buenos Aires se soñaba la París del Sur, y el taller suizo Photoglob la puso en su catálogo mundial entre Grecia, Egipto y la India. Estas ocho vistas no son fotografías: son fotocromos. Sobre un negativo en blanco y negro se aplicaba el color con diez a quince piedras litográficas, una por tono — la técnica que Photoglob patentó en 1888.








De dónde salió el documento, quién lo dibujó y por qué importa.
Una plaza del Buenos Aires que se modernizaba: los edificios afrancesados, los árboles todavía jóvenes y, en primer plano, los carros de caballos que aún movían la ciudad. El fotocromo la fija hacia 1900, en los años en que la capital se soñaba la París del Sur.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


Del negativo anónimo al color de Photoglob. Una de las varias vistas porteñas que la firma suiza incluyó en su catálogo mundial de fotocromos.
La ciudad que soñaba con ser otra.
Métrica la enmarca.
El epígrafe conserva el nombre viejo. Hasta 1884 eran dos plazas —la de la Victoria, frente al Cabildo, y la del 25 de Mayo, frente al Fuerte—, separadas por la Recova Vieja. Torcuato de Alvear mandó demoler la recova y las unió en una sola: la Plaza de Mayo. Pero el nombre anterior sobrevivió en el uso y en los epígrafes turísticos, y así quedó impreso en esta lámina.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


La foto original es anónima; el color lo aplicó el taller de Photoglob en Zúrich. Es el corazón cívico de la ciudad: el Cabildo, el gobierno, y la plaza donde había empezado, en 1810, la Revolución de Mayo.
El corazón de la ciudad,
con su nombre viejo todavía puesto.
La serie de Photoglob registró la plaza desde dos ángulos: esta es la segunda vista, con el monumento en primer plano y la ciudad detrás. Juntas arman un pequeño panorama de la Plaza de Mayo hacia 1900 —la plaza que todavía se rotulaba, por costumbre, con su nombre anterior, Plaza Victoria.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


Dos fotocromos consecutivos del catálogo de Photoglob (P.Z.), tomados de negativos anónimos y coloreados en Zúrich. La Buenos Aires que crecía a fuerza de inmigración y de exportación de granos.
La plaza de siempre,
mirada dos veces.
Lo levantó el arquitecto francés Albert Ballu para la Exposición Universal de París de 1889 —hierro y vidrio, a la manera del Crystal Palace— y se inauguró un 25 de mayo, con el presidente francés y el vicepresidente argentino Carlos Pellegrini. Terminada la feria, lo desarmaron en unos seis mil bultos, lo embarcaron a Buenos Aires y lo rearmaron sobre la barranca de Retiro. Reabrió en enero de 1894, fue sede del Museo Nacional de Bellas Artes entre 1910 y 1932, y lo demolieron en 1933.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


Este fotocromo lo muestra en pie sobre la Plaza San Martín, en los años en que era uno de los edificios más admirados de la ciudad. Del negativo anónimo al color de Photoglob.
Lo hicieron para deslumbrar a París.
Terminó siendo nuestro museo.
El barrio le debe el nombre a los frailes recoletos, que a principios del siglo XVIII levantaron el convento y la iglesia del Pilar. Su vuelta aristocrática vino con la fiebre amarilla de 1871: las familias del sur huyeron al norte, a tierra más alta, y ahí construyeron sus palacios afrancesados con jardines. Lo que muestra el fotocromo no es el cementerio, sino el paseo ajardinado de esa elite, inaugurado en 1883.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


La palmera, la barranca, el agua: el parque de la Recoleta que Carlos Thays ayudó a componer. El color de Photoglob sobre un negativo en blanco y negro.
El paseo de la elite,
a la sombra de una palmera.
El Parque 3 de Febrero se inauguró en 1875, impulsado por Sarmiento sobre las tierras del antiguo Palermo de Rosas, al modo del Bois de Boulogne parisino. Sus lagos son artificiales: se formaron con la tierra que se excavó para elevar los terraplenes del ferrocarril, y esos grandes pozos se llenaron de agua —una idea que se le atribuye a Thays. Lagos para pasear en bote, de una ciudad que se daba sus lujos.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


El pabellón sobre el agua, los sauces, el reflejo: el color del fotocromo hace pasar por foto lo que es, en realidad, litografía. El colorista, como siempre en Photoglob, es anónimo.
El parque que soñó Sarmiento,
y un lago hecho a pala.
Constitución fue siempre la cabecera del Ferrocarril del Sud, que en 1865 tendió su primera línea hacia Chascomús. En 1887 el Sud inauguró su gran estación —un edificio suntuoso proyectado por los ingleses Parr, Strong & Parr— que le cambió la cara al barrio, y la plaza se abrió del todo al público en 1892. El fotocromo capta la calle: los carruajes, el movimiento, la ciudad que trabajaba.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


De negativo anónimo al color de Photoglob. La estación por la que llegaban a la capital la producción y la gente del sur de la provincia.
Por acá entraba el sur,
en tren.
A orillas del Río Luján, en Tigre, el Tigre Hotel se inauguró en 1890: lo proyectó el ingeniero Emilio Mitre —hijo de Bartolomé— y lo financiaron Ernesto Tornquist y Luis García. Tenía ascensor, calefacción, orquesta permanente y fama de haber abierto el primer casino del país. Ahí veraneaba la clase alta de Buenos Aires, Julio A. Roca incluido. Cerró a comienzos de los años treinta, cuando se prohibió el juego, y lo demolieron hacia 1940.
El fotocromo no es una fotografía en color: es una litografía. Sobre un negativo en blanco y negro, el taller suizo de Photoglob aplicaba el color con diez a quince piedras de tinta —una por tono—, décadas antes de que existiera la fotografía en color práctica. Parece una foto, pero cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen que reproduce, no el papel que llega a tu casa.
Buenos Aires hacia 1900 —cuando la ciudad se soñaba la París del Sur— en la técnica que le puso color al mundo antes del color. De la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress, reunida y estandarizada por Métrica en la colección Buenos Aires en fotocromo.


No confundir con el Tigre Club, de 1912, que sigue en pie y hoy es el Museo de Arte Tigre. El hotel del fotocromo ya no existe: esta es una de sus mejores estampas.
El Delta era de la ciudad los fines de semana.
Y este hotel, su salón.
$122.000 — contra $152.000 comprando 8 por separado.
Ver la colección completaEl papel, las tintas, los tamaños y cómo llega — todo lo que hay que saber antes de colgarla, explicado una sola vez.
Cómo se hacen →