Las primeras fotografías de Buenos Aires, cuando la Plaza de Mayo todavía eran dos.
Las primeras fotografías de Buenos Aires y la pampa (c. 1865), del Álbum de Vistas y Costumbres de Buenos Aires. Fotografías de Benito Panunzi y Esteban Gonnet — reproducciones curadas por Métrica.












De dónde salió el documento, quién lo dibujó y por qué importa.
Este no es el Teatro Colón que conocés. El actual, sobre la Plaza Lavalle, se inauguró recién en 1908. El de la foto es el primero: abrió el 25 de abril de 1857 con La Traviata de Verdi, frente a la plaza, en el solar donde hoy está la casa central del Banco de la Nación.
Lo proyectó el ingeniero Carlos Enrique Pellegrini —el mismo que años después sería padre del presidente Carlos Pellegrini— con una sala para unos 2.500 espectadores. Funcionó tres décadas y en 1888 lo cerraron y demolieron para levantar el Banco. Por eso casi nadie recuerda que el Colón nació sobre la Plaza de Mayo.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Es una de las primeras fotografías que existen de Buenos Aires, tomada a mediados de la década de 1860 por los pioneros Benito Panunzi (italiano, llegado hacia 1861) y Esteban Gonnet (ingeniero y fotógrafo francés). Copia a la albúmina desde negativo de vidrio al colodión húmedo. Su valor es doble: registra un edificio que hoy no existe, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad.
Donde hoy hay un banco,
una vez se estrenó una ópera de Verdi.
Hasta 1884, la Plaza de Mayo eran dos plazas distintas. Esta —la Plaza 25 de Mayo, antes Plaza del Fuerte o de Armas— era la mitad de atrás, la que daba al viejo Fuerte y a la sede del gobierno sobre el río. La otra mitad, hacia el oeste, era la Plaza de la Victoria, frente al Cabildo.
Entre las dos había un edificio, la Recova Vieja, con una galería de negocios que las separaba como una pared. En 1884 el intendente Torcuato de Alvear mandó demoler la Recova, y recién ahí las dos plazas se volvieron una sola: la Plaza de Mayo que caminás hoy.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.

Vista de mediados de los 1860, de la primera camada de fotógrafos que retrató Buenos Aires: Benito Panunzi y Esteban Gonnet, italiano y francés, trabajando con copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo. Son documentos de la ciudad anterior a las grandes reformas urbanas; la atribución exacta de cada vista entre uno y otro no siempre es firme.
Dos plazas, una recova en el medio.
Una sola desde 1884.
La fachada de la Catedral no parece una iglesia: parece un templo griego, con doce columnas que representan a los doce apóstoles. El pórtico neoclásico lo diseñó el francés Prosper Catelin en 1822, copiando el frente del Palais Bourbon de París.
Lo que corona el frontis es un altorrelieve del escultor francés Joseph Dubourdieu: muestra el reencuentro de José con su padre Jacob y sus hermanos. No es solo una escena bíblica. Se leía como alegoría de la reconciliación de los argentinos después de la batalla de Pavón (1861). Dubourdieu lo terminó hacia 1862-1863, así que en esta foto la obra tenía apenas un par de años.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.

Fotografía de c.1865, de los pioneros Panunzi (italiano) y Gonnet (ingeniero francés), cuando la ciudad recién empezaba a documentarse con cámara. El altorrelieve del frontis estaba casi recién estrenado al momento de la toma. Técnica: copia a la albúmina desde negativo de vidrio al colodión húmedo.
Doce columnas para un templo griego.
En el frontis, un país que vuelve a mirarse.
Es el primer monumento ecuestre que tuvo Buenos Aires. La estatua del Libertador a caballo la hizo el escultor francés Louis-Joseph Daumas y se inauguró el 13 de julio de 1862, en lo que entonces se llamaba Plaza de Marte —recién en 1878 pasó a llamarse Plaza San Martín—.
Si la mirás bien, le falta algo. El gran pedestal de granito rojo y los grupos de bronce que hoy la rodean son muy posteriores: los agregó el escultor alemán Gustav Eberlein hacia 1910. En esta foto, San Martín y su caballo están casi solos, sobre una base sobria, como se los vio en las primeras décadas.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.

Toma de mediados de la década de 1860, de Benito Panunzi (italiano) y Esteban Gonnet (ingeniero francés), dos de los primeros en fotografiar la ciudad. Importa como fecha: capta el monumento pocos años después de inaugurado y casi medio siglo antes del pedestal monumental que hoy le conocemos. Copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo.
El primer caballo de bronce de Buenos Aires,
parado antes de tener su gran pedestal.
Detrás de la Casa de Gobierno, sobre el Río de la Plata, hubo una aduana con forma de medialuna. Era la Aduana Nueva, o Aduana Taylor, por su autor: el arquitecto e ingeniero inglés Edward Taylor, que ganó el primer concurso de arquitectura del país.
Fue el primer gran edificio público de Buenos Aires y la primera vez que la ciudad le ganó tierra al río con un relleno para construir encima. Su parte curva daba al agua; la recta, al patio de maniobras. Duró poco: hacia la década de 1890 la demolieron para las obras de Puerto Madero. Hoy sus cimientos, excavados, se conservan bajo el Museo del Bicentenario.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.

Una de las primeras fotografías de Buenos Aires, de Panunzi y Gonnet, a mediados de los 1860. Vale como testimonio: la aduana que retrata fue demolida a fin de siglo, así que la imagen es de las pocas que la muestran en pie. Copia a la albúmina desde negativo de vidrio al colodión húmedo.
Una medialuna de ladrillo ganándole al río.
Hoy, cimientos bajo la Casa Rosada.
Esta es la otra mitad de la actual Plaza de Mayo: la Plaza de la Victoria, la que daba al Cabildo. En el centro está la Pirámide de Mayo, el monumento patrio más antiguo del país. Pero la que ves no es la original de 1811: aquella era un obelisco de adobe bastante modesto.
En 1856 el pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón la rehízo por encima: la revistió, la agrandó a unos 19 metros y la coronó con una estatua alegórica de la Libertad del escultor Joseph Dubourdieu. La Pirámide estuvo siempre en esta plaza; cuando en 1884 unieron las dos plazas quedó descentrada, y en 1912 la trasladaron al centro, donde sigue.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.

Vista de c.1865 de los pioneros Panunzi (italiano) y Gonnet (francés), de las primeras que existen de la ciudad. Fija un dato que después cambió: muestra la Pirámide en su plaza original, medio siglo antes de que la trasladaran. Copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo.
El monumento más viejo de la ciudad,
fotografiado antes de mudarse de lugar.
Antes de esta imagen el gaucho vivía en los grabados y en los versos, no en una foto tomada del natural. Benito Panunzi la firmó y la fechó de su puño: 1º de julio de 1862, en Exaltación de la Cruz, hoy Capilla del Señor. Es la única que dató, y por eso ancla toda la atribución de la serie.
Parece un momento robado: un asado que se prepara, el mate que gira, una guitarra al fondo. No lo es. Es una escena armada con cuidado, cada cosa puesta para que se lea "lo típico". Esa es la paradoja de las primeras fotos de campo: para retratar la vida espontánea había que quedarse quieto.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo. La firma y la fecha de 1862 hacen de ésta la pieza que fija la autoría de Benito Panunzi, fotógrafo italiano llegado al Río de la Plata en 1861. El colodión pedía largas exposiciones: por eso los personajes posan, y por eso lo "espontáneo" está actuado.
El gaucho ya existía en los versos.
Acá, por fin, existe en una foto.
Los viajeros europeos las bautizaron "navíos de las pampas". El pasto alto tapaba los bueyes y, de lejos, la lona parecía navegar un mar verde. Iban a paso de buey, cargadas de cueros y lana, en convoyes que tardaban meses de un extremo al otro del país.
No era folklore: era la economía entera moviéndose sobre dos ruedas de madera. En 1863 entraron a Buenos Aires 18.908 carruajes. Diez años después el ferrocarril ya las estaba borrando. Esta foto atrapa el transporte de un país justo antes de que le cambiaran el motor.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina, c. 1865. La toma es de Benito Panunzi o de Esteban Gonnet, agrimensor y fotógrafo francés que recorrió la campaña midiendo estancias; sus vistas rurales de 1864 se atribuyeron durante años, por error, a Panunzi. La autoría exacta de cada lámina sigue en discusión entre especialistas.
Un barco de madera cruzando el pasto.
Cargaba un país sobre dos ruedas.
El toldo era la casa: cueros cosidos sobre una armazón de palos, que se levantaba y se movía con la comunidad. Lo que el título de época llama "indios" eran pueblos concretos —mapuches, ranqueles, boroanos— que vivían sobre la línea de frontera.
Algunos, como la gente del cacique Ignacio Coliqueo, tenían tierras cedidas por el gobierno y figuraban en los papeles como "indios mansos". No era una descripción, era una categoría administrativa de la frontera: aliados, por oposición a hostiles. Conviene mirar esta imagen sabiendo que la cámara no entró de casualidad a ese mundo: entró a componer una escena.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina, c. 1865, de Panunzi o Gonnet. Está entre las primeras fotografías etnográficas del Río de la Plata, con toda la carga de ese gesto: la cámara no registra sin más, compone, y produce lo que los estudiosos llaman "ilusión de objetividad testimonial". Vale leerla como documento y como puesta en escena a la vez.
Una casa de cuero que se levanta y camina.
La frontera, del lado que casi no se fotografió.
La pulpería era casi lo único que había en la campaña: despacho de bebida, almacén, mesa de naipes y de taba, y la radio del pago, donde llegaban las noticias. Como casi no circulaba moneda, casi todo se anotaba fiado.
Y se anotaba en serio. El pulpero marcaba la deuda con una raya por cada real y una cruz por cada peso, muchas veces porque ni él ni el cliente sabían leer ni escribir. Esa pared con rayas y cruces era la contabilidad de medio campo argentino.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo, c. 1865. Escena de costumbres atribuida a Panunzi (italiano) o a Gonnet (francés), los dos activos en la campaña bonaerense a principios de los 1860. Como todo el género, está posada: la técnica de la época no permitía otra cosa.
Una raya, un real.
Una cruz, un peso. Así fiaba el campo.
El ombú engaña. Parece el árbol de la pampa, pero botánicamente no es un árbol: es una hierba gigante, Phytolacca dioica. Su tronco no llega a ser madera de verdad —es blando, esponjoso, se corta con cuchillo— y no sirve ni para el fuego.
Justamente por inútil sobrevivió. En una llanura sin árboles nadie lo talaba, y quedó como faro: el punto que se ve de lejos, la sombra donde el viajero para y donde el gaucho arma su rancho de barro y paja. Un yuyo enorme convertido en mojón de la pampa.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina, c. 1865. El Getty fecha un "Rancho" de esta serie hacia 1866 y lo atribuye a Esteban Gonnet; en otras láminas la autoría se reparte con Panunzi. Ambos están entre los primeros en fotografiar la pampa, que hasta entonces sólo existía dibujada o escrita.
No es árbol ni da leña.
Igual era lo único que se veía de lejos.
En 1865 la pampa todavía no tenía alambrado. Sin cercos, la única forma de sujetar la hacienda era el corral de palo a pique: postes clavados de punta, uno pegado al otro, un anillo de madera en medio del campo abierto.
Ahí se juntaba el ganado suelto para marcarlo, apartarlo o cargarlo. Toda la estancia dependía de ese único encierro. Cuando llegó el alambrado, en la década de 1870, el campo entero pasó a funcionar como corral, y esta imagen quedó del lado de antes.
Estas son de las primeras fotografías que se tomaron de Buenos Aires y de la pampa: están fechadas alrededor de 1865, cuando la cámara todavía era una rareza en la ciudad. Se hicieron con la técnica del colodión húmedo —el fotógrafo preparaba, exponía y revelaba la placa de vidrio en pocos minutos, con un laboratorio a cuestas— y se copiaron a la albúmina, sobre papel emulsionado con clara de huevo. Recibís una lámina nueva, impresa en papel Coated Mate; lo antiguo es la imagen, no el papel que llega a tu casa.
Antes de estas fotos, Buenos Aires y el gaucho vivían en grabados, en pinturas y en la literatura, pero casi nadie los había visto de verdad. Benito Panunzi y Esteban Gonnet salieron a fotografiar la ciudad y la campaña alrededor de 1865 y armaron el primer retrato real del país. Las copias originales del álbum están en un puñado de bibliotecas y casi no se consiguen; Métrica reúne y estandariza una selección en la colección Buenos Aires 1865.
Copia a la albúmina desde negativo al colodión húmedo, c. 1865, de Panunzi o Gonnet. Las largas exposiciones obligaban a hombres y animales a quedarse quietos: por eso el campo "en faena" aparece, en realidad, detenido. Son de las primeras imágenes de la estancia ganadera argentina.
Antes del alambre, un anillo de palos.
Todo lo que la estancia podía sujetar.
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